Prensa obreira

Miscelánea penitenciaria (cárcel "balneario" de Monterroso).

La Sección Sindical de la CSI-CSIF ha presentado denuncia en la Inspección Provincial de Trabajo contra el Centro Penitenciario de Monterroso, reiterando la presentada el año 2000 respecto de la implantación del PIJ (Programa de Intercambio de Jeringuillas). Los cárceleros alegan que hay un descontrol y mal funcionamiento del PIJ, que las jeringuillas son objetos peligrosos y prohibidos y que ellos, los carceleros, corren riesgos innecesarios al tener algunos presos en su poder demasiadas. Son dignos de "admirar" los carceleros por el cuidado que tienen en vigilar su propia seguridad mientras no se preocupan del mercadillo de droga que comercia en la prisión, y se olvidan de que el cambio de jeringuillas previene el contagio de VIH y de hepatitis B y C.

Es notoria la negligencia de los encargados de solicitar las medicinas que se terminan en la cárcel de Monterroso. Y no nos referimos a aspirinas precisamente, sino a los antirretrovirales del VIH. Y ¿cómo solucionan el problema? Pues cortan los tratamientos hasta que llegue la nueva remesa. Nadie ignora que el cortar, aunque solo sean pocos días, el tratamiento del VIH trae consigo un notable agravamiento de la enfermedad.

Parece que un inspector de Instituciones Penitenciarias estuvo estos últimos días en la prisión de Monterroso. Todavía ignoramos las razones de su visita, pero que no se preocupen los cárceleros, que lo llegaremos a saber. Y las malas lenguas dicen que quizá es que en el asunto de las jeringuillas y los antirretrovirales, la Dirección General de Prisiones encontró un remedio para paliar la masificación de las cárceles.